Capítulo I Lazos de Sangre
Todo fue caos y fuego, luego hambre y cenizas, promesas de un amanecer
pacífico fijaron el rumbo de aquellos que aún padecían las consecuencias, si
tan sólo supieran lo que en realidad enmascaraba la lucha y la guerra, no olvidarían
tan rápido.
La oposición al cambio político que planteaba el movimiento insurgente de Allyvan
trajo consigo la cruente guerra que al instaurarse fue devastadora, pero que
dio nacimiento a La Nueva República, en donde se dieron las pautas para que los
ciudadanos vivieran en una relativa paz, limitando la participación de los
enfermos en la sociedad útil, a menos que tuvieras el suficiente dinero para
poder garantizar la entrada al mundo productivo, dichos sujetos eran marcados,
haciendo una diferenciación entre perfectos e imperfectos, pero por presión de
las organizaciones gubernamentales nacionales e internacionales debían ser
mantenidos dentro del país.
Pero a Jacob nada de eso le importaba, quería terminar su jornada y llegar
a la vieja iglesia en ruinas en donde vivía, los recuerdos de su pasada vida lo
atormentaban hasta el punto de no poder escapar ni siquiera en sus sueños.
- ¡No puedo creer que hayas hecho esto! ¡Es una
atrocidad! - Indicaba con labios temblorosos su madre mientras pronunciaba otras
palabras sin sentido - Probablemente son rezos - Pensó Jacob mientras él
y su hermano menor se escondían.
- Si no obtengo los resultados que ellos quieren los
expondrán, tenía la solución en mis manos - Su padre suplicaba.
- ¿Y qué pasará cuando se enteren?, serán un maldito experimento,
¿Qué harás si pasa eso? - Pero nunca llegó la respuesta, de un momento
a otro la vida de Jacob dio un vuelco, uno que lo cambiaría para siempre.
Sabía lo que acontecía, lo soñó en muchas ocasiones, algunas veces lo veía
todo desde afuera sin poder hacer nada y otras era el niño indefenso que tenía
a su hermano pegado a la espalda. El sonido sordo del teléfono al fondo, su
padre susurrando palabras que a él le parecían sin sentido.
- ¡Deja los juguetes Samuel! – Ver la pequeña
maleta de su hermano lo agobiaba y el dolor de la cara de su padre lo sofocaba,
era el principio del fin.
Pero todo se resume a esa noche en donde caía el presidente Noah con lo
último de su tropa, las explosiones se sentían tan fuertes que parecía que sucedían
detrás de ti y una gran nube de espeso polvo lo cubría todo, pero para Jacob lo
que ocurría en su casa era de mayor importancia, la conversación dentro de la
desteñida cocina hacía latir con fuerza su corazón.
Era caos absoluto, no entendía cómo los demás corrían despavoridos mientras
sus padres no se movían - ¡Tenemos que irnos! - Expresó su padre
mientras su madre lloraba mirando por la ventana.
- ¿Qué pasa Jacob? - Samuel se quedó mirándole.
-No
lo sé Samuel, creo que nos vamos de aquí y a mamá no le
gusta eso – Sus ojos permanecían fijos en sus padres.
Samuel lo miró con decepción y le dijo algo que no tenía sentido, y a pesar
de ser mayor, más fuerte y más sano, no podía comprender los pensamientos de su
hermano menor, ni las palabras con las cuales él se expresaba.
-Creo que es por lo que somos. Todo esto está pasando por lo que
somos Jacob - Susurró esperando algo; Jacob obvió el comentario y siguió
escuchando.
Pero justo en el momento que Jacob volteó, todo se volvió borroso, las
palabras se transformaron en susurros, luego en gritos, para que finalmente el
lugar se desvaneciera en frente de él.
- ¡No! ¡No! ¡No! - Ahora solo veía los cabellos de ella, que
volaban con el viento, su suave mano cerrada con fuerza en su muñeca mientras Jacob
trataba de seguir a su madre.
- Vas muy rápido – No quería soltarse, no quería dejarla ir, no
quería dejar de verla, porque sabía en lo más profundo que esa era la última
vez; lo siguiente era confuso, el callejón, el calor y vapor que explotaba
alrededor, los jadeos por aire, el humo, los escombros, el miedo a los rincones
oscuros, el sudor, las alarmas, los gritos, ella mirando a todos lados, se
quita algo del cuello y lo pone sobre su cabeza, lo besa y lo mira. - ¡Corre
Jacob! Ocúltate y sobrevive. Tú eres fuerte Jacob. Sé que puedes hacerlo -
Luego se va, dejándolo mientras sus gritos eran apagados por el horroroso ruido
sin sentido, ahora estaba solo, desconociendo lo que podía pasar con Samuel,
con su padre, con su madre o incluso con él mismo.
El sonido agudo del despertador saca a Jacob de ese sueño terrible y lo
conecta a su rutina, pasaron veinte años desde aquella noche y que aún tuviese
recuerdos vivos sobre lo ocurrido era agobiante, muchas veces despertaba sudoroso
de sus recurrentes pesadillas, pero tampoco podía hablar con nadie, pasar desapercibido
después de la guerra era lo mejor.
Jacob vivía en Lugano, ciudad portuaria de La Nueva República recuperada de
los estragos de la guerra, pero sin signos de una urbe moderna siendo entonces
autoproclamada madriguera de la gente no interesada en la nueva era que
aparecía ostentosamente en cada propaganda que prometía cerrar el pasado.
Lugano era perfecta para los negocios fáciles que llenaban el bolsillo, era
el hogar de Jacob, la escogió por la cómoda evasión a las preguntas insidiosas,
por cómo se evitaban los lugareños y por la facilidad de generar ingresos, estaba
llena de gente que sólo quería una solución a sus problemas económicos.
Esa mañana no parecía que ocurriera nada fuera de lo común, pero para Jacob
las palabras de su hermano menor generaban un molesto eco en sus pensamientos - Habrá sido mi imaginación - Especuló
mientras miraba el suelo de aquella vieja iglesia en donde vivía, no sabía
porque escogió este lugar, tenía un grave problema de humedad y hundimiento en
la edificación, pero aun así decidió que sería bueno estar allí, se engañaba a
sí mismo pensando que era por la estructura o la manera de distribución del
interior, pero en el fondo no quería reconocer que le recordaba a su viejo
hogar.
El Puerto Galatti era uno de los medios marítimos por el cual La Nueva
República recibía mercancía de otros países de manera legal y de contrabando,
era justamente esta mercancía ilegal la que no podía ser transportada por los
canales regulares, de allí entonces nacieron los transportistas informales que
a través de la Senda de San Galen, ruta alterna que permitía la salida a
ciudades importantes, evitaban los engorrosos puestos de vigilancia del
gobierno, haciendo que las personas pagaran importantes sumas de dinero por la
difícil travesía y la llegada rápida de sus paquetes.
Aquella senda era ahora uno de los sitios más peligrosos del país ya que era
una ruta conocida para el transporte de mercancía ilegal, propiciándose
emboscadas de oportunistas que ponían sus manos en todo lo que pudieran vender;
cuando Jacob supo esta forma obtener ingresos se apresuró a ofrecer sus
servicios, pero fue rechazado muchas veces, hasta que un día de suerte lo unió
con un hombre desesperado por hacer dinero.
El trabajo de Jacob era bastante simple, pero con los peligros que requería
cruzar la Senda de San Galen, era difícil de realizar, gracias a sus
habilidades con la motocicleta esas partes del camino llenas de escombros, rocas
y vehículos destrozados no le impedían pasar a alta velocidad, varias veces vio
a hombres morir o desaparecer y a Dan Gallagher, su empleador, perder
importantes sumas de dinero por esto.
Dan era un buen hombre atrapado por las circunstancias de su destino, sabía
muy bien cómo se manejaba el negocio; su nieta requirió de tres masivas
operaciones al corazón para sobrevivir que lo dejaron en la ruina.
Las personas intervenidas con algún tipo de tecnología eran marcadas en su
muñeca derecha, siendo considerados detrimentos, se les limitaba su inserción en
la sociedad productiva, otra maravillosa característica del gran progreso del
presidente Allyvan, pero muchos no se realizaban tales procedimientos por falta
de dinero.
Cada uno sobrevive a su manera y que Susan viviera después de perder a su
hija y a su esposa era el motor que necesitaba Dan para seguir; muchas veces en
la noche Jacob meditaba sobre esto, una razón tan poderosa que valiera la pena
desafiar las consecuencias era un concepto casi abstracto para él ya que vivía
con el propósito de nunca comprometer su existencia.
Comenzó a prepararse para un día normal, era fin de mes así que sería
ajetreado, ya que Basil, el estado comercial por excelencia, esperaba el traslado
de las entregas provenientes del Puerto de Galatti, eso tomaba varios días volviendo
las jornadas más pesadas, además Jacob no contaba con un medio de transporte
adecuado para realizar un solo viaje, solo una moto la cual mantenía, sin
embargo siempre quedaban atrás de transportistas ilegales con más ingresos como
los Donovan, los cuales contaban con mejores vehículos.
- ¡Hola Jacob! - Susan pasó por un lado sin mirarle.
- Hola - Fue la repuesta genérica que salió de sus labios.
- Abuelo está preocupado por lo que le pasó a Tom
Donovan – Lo observaba con la cara llena de
ansiedad, así que Jacob se colocó su chaqueta evitando el contacto visual.
-Más trabajo para mí – Reconoció para no preocuparla.
-Abuelo está en la oficina – La vio alejarse, y se dirigió
hacia adentro.
– Hace mucho tiempo que no tenemos tantos pedidos,
será difícil hacer tantos viajes con la mercancía solicitada – Dan no levantó la vista del incontable papeleo en su escritorio.
– Siempre me las arreglo Dan - Alegó Jacob con cierto fastidio.
- Lo sé, pero es sólo que después de lo que le pasó
al hijo de los Donovan no podemos correr riesgos – Dan miró afuera pendiente de su nieta.
– No soy estúpido como Tom - Se cruzó de brazos, esperando el papel que necesitaba, no quería recordar
los comentarios que declaraba el hijo mayor de los Donovan cada vez que llegaba
a un lugar, fue alguno que hizo que pusieran fin a su vida.
-
Cualquiera puede tener un descuido, sin embargo, están presionando con esto así
que me temo que tendrás que hacer otra gran entrega - Las arrugas de la
frente de Dan se pronunciaron mientras limpiaba el sudor de su rostro, cada vez
era más difícil.
-Puedo
hacerlo, necesito el pago – Afirmó pensando
en las maneras de mejorar su motocicleta.
– Sí, acerca de eso… - El teléfono sonó dejándolo en expectativa, pero cuando Dan comenzó a hablar
con los proveedores Jacob supo que sería una conversación muy larga, así que
decidió salir de la tienda a revisar su motocicleta.
-Hola niña – Escuchó unas risas al fondo - No deberías espiar a la gente Susan - Luego
volteó para observar a la pequeña.
- Lo siento, pero le hablas a la moto como si fuera
una chica – Era gracioso.
- Es una chica – Susan lo miró extrañada, ahora no le comprendía.
-No entiendo - Se cruzó de brazos
haciendo que su peinado se torciera hacia la izquierda.
-Algún día lo harás - No parecía muy convencida y cuando iba a responderle se escuchó gritos y
alborotos a lo lejos.
- ¡Susan vuelve adentro con tu abuelo!
¡Ahora! - Advirtió mientras
agarró su arma, en este lugar situaciones peligrosas ocurrían en cada esquina,
sobre todo al final de mes.
- Estoy bien – La pequeña se mantuvo firme.
- ¡Solo hazlo Susan! - La niña se estremeció, pero no
retrocedió, conocía el mal carácter de Jacob y aunque ella lo consideraba como parte
de su familia, él se esforzaba por demostrar que no le tenía afecto, aunque en
el fondo era todo lo contrario.
- ¡Son solo forasteros, sabes que vienen aquí
siempre para hacer dinero! – Gritó enojada.
Jacob vio como dos hombres ayudaban a salir a un tercero de un auto,
extrayendo este último de una bolsa plástica pegada en su abdomen un fajo de
dinero, al parecer Susan tenía razón, se sorprendió al reconocer la percepción
de la niña y se dijo a sí mismo.
- Terminaré
como Tom Donovan si no tengo cuidado - Recapacitó
mientras guardaba su arma, luego volteó y al reparar que la niña no estaba
continuó con su revisión de rutina.
- ¡Jacob! – Escuchó un grito a lo lejos, era el viejo Peter de la taberna, verlo salir en
plena luz del día era raro ya que su vida se desarrollaba en los negocios
turbios que hacía en la noche dentro de su local, pero al acercarse eran
evidentes las múltiples cicatrices y mutilaciones que sufrió en la Senda de San
Galen, las más notables la falta de su mano izquierda y su ojo derecho.
- Peter – No tenía muchas ganas de que se aproximara, pero lo hizo.
- Hola Jacob ¿Cómo estás? - Gracias a que era que no preguntaba de más, su taberna era uno de los pocos
lugares a los cuales Jacob iba de vez en cuando.
- Bien Peter - No quería que continuara.
- Mis contactos en el Puerto Galatti me avisaron
que mi mercancía será liberada en los próximos días – Colocó su única mano por detrás de su cabeza – Necesito enviar algo
urgentemente – Jacob se sintió aprehensivo, ya que por lo general los
envíos de Peter eran de muy mala procedencia.
- Yo sólo trabajo con Dan – Jacob intentó salir del compromiso.
- Te recompensaré - Dinero, en momentos como este no sería malo, sabiendo que al querer
repotenciar la moto tendría que invertir más de lo esperado, y a duras penas
accedió, este trato significaba comenzar negocios con uno de los hombres más
peligrosos en Lugano, esta situación estresante lo llevó a recordar las últimas
palabras de su madre… - ¡Corre Jacob! Ocúltate y sobrevive. Tú eres
fuerte Jacob. Sé que puedes hacerlo - Un escalofrío invadió todo su
cuerpo, en estos momentos separar el sueño de la realidad parecía imposible,
esa línea de protección que construyó con el pasar de los años estaba muy cerca
de borrarse.
Escuchó a lo lejos una desentonada radio, Estamos contigo Progreso y
Unión, era la propaganda de La Nueva República, Jacob prestaba atención
cuando se comentaba las acciones de Allyvan antes de ser gobernante, de cómo la
gente no concordaba con sus descubrimientos o los avances genéticos en el
tratamiento de enfermedades, pero aun así el apoyo por parte de sus seguidores crecía
forjando cambios radicales en muchas políticas, en su momento las personas la defendieron
con vehemencia, sin darse cuenta de lo que dejaban atrás, hasta que la lección
más difícil fue aprendida; a la hora del fuego y la destrucción no importaba en
que creyeras las llamas te alcanzaban igual.
Mientras transcurría la tarde, Jacob se preparaba para ir a comprar
refracciones para Dan, se quejó ante el incesante calor y elevó su rostro
observando el aviso amarillo oxidado “Entregas Gallagher”.
- El abuelo
dice que es todo lo que está aquí - Indicó Susan abriendo los ojos con
expectativa. Jacob conocía esta rutina de memoria, al parecer cuando eres chico
no te cansas hasta conseguir lo que te propones.
-Volveré más
tarde – Jacob guardo la lista en su
bolsillo, estuvo a punto de irse, pero luego de oír el suspiro de decepción de
la pequeña, pronunció palabras que nunca pensó que diría.
- ¿Quieres venir Su? – Exclamó mientras miraba la larga
lista, trató de fingir indiferencia al preguntarle, pero para cualquiera era
bastante claro que era a propósito.
- ¡Si! le diré al abuelo – La sonrisa de la niña era enorme.
El viaje fue corto, Susan se encargó de encontrar los artículos de la lista
mientras tarareaba una canción, cuando tuvieron todo se dirigieron a pagar la cuenta,
pero nadie los observaba, todos miraban la televisión sin pronunciar palabra.
- ¡Queremos pagar! - Susan agitaba las manos de un lado a otro para conseguir la atención de
alguien, cuando no la obtuvo agarró todos los artículos para retirarse, Jacob
la tomó por el brazo derecho y la giró de vuelta con una mirada reprobatoria -
¡Auch! Eso dolió - La pequeña se frotaba el brazo derecho demasiado
fuerte para tener confort alguno, pero excelente para no demostrar debilidad.
- Haz silencio Susan - Jacob se quedó mirando perplejo al televisor, era el presidente Allyvan quien
hablaba y eso no era muy común - ¿Qué? ¡Clausurar Galatti! ¿Censar la
población en Lugano? ¡No! ¿Auditar a cada empresa de envío? ¡Otro anuncio de
Allyvan! ¿Progresos genéticos? ¿Escuché bien? – Mientras escuchaba, sus
pensamientos eran una maraña incontrolable de temores, por el resto de las
miradas en el lugar sabía que lo que escuchaba era cierto, esto significaba
lapidar la ciudad como la conocía, no pudo seguir la transmisión porque fue
interrumpido por una voz detrás de él.
- Es cuestión de tiempo hasta que todas las empresas
cierren - El hombre al ver que Jacob no
respondía siguió como si su silencio justificaba su argumento – No
me sorprende que se haya formado este caos – Continuó sin ningún tipo
de tapujo - Sólo la élite se beneficiaría de este cambio – Y señalando la
marca en la muñeca derecha de Susan destilando desprecio en cada una de sus
palabras dijo – Quieren acabar con todos los débiles - Sabía la razón por la
cual su abuelo no la dejaba salir de su hogar, trató de buscar alguna
protección en Jacob, pero éste se encontraba atónito, no sentía los tirones de
Susan a su chaqueta, este era el fin de su vida como la conocía.
Luego el presidente Allyvan se enfocó en los problemas financieros y un par
de cosas más acerca del presupuesto nacional, pero el televisor se volvió un
ruido sordo al fondo con palabras sin sentido; dejó aquel lugar con una
silenciosa Susan a su lado, sus pasos eran rápidos e inestables y aunque la
pequeña estaba acostumbrada a verlo en diferentes estados de ánimo, la mayoría
no tan buenos, ese día su rostro no reflejaba nada de la confianza a la que
estaba acostumbrada, tampoco le recordó que se fueron sin pagar la cuenta.
El resto de la tarde transcurrió sin problemas, Susan entró sin hacer
ninguna pregunta y Jacob se concentró en las tareas pendientes, al sentir las familiares
llamaradas de calor en el aire pudo relajar los músculos; las pesadillas comenzaban
a pasarle factura, no quería tener que utilizar de nuevo esas drogas que aunque
lo tranquilizaban lo dejaban desorientado, sin reflejos e inútil para este tipo
de trabajo, debía estar siempre alerta, sin lazos, ni uniones, no quería volver
a los años perdidos, quería permanecer oculto.
- ¡Jacob! - La voz de Dan lo conectó al presente.
- ¿Que sucede Dan? - Al ver su rostro supo que algo andaba mal.
- ¿Puedes venir a la oficina? - Preguntó con las manos dentro de sus bolsillos.
Lo siguió a la desordenada habitación, sin darse cuenta que un par de ojos
curiosos los observaban detrás del gran reloj de la sala, parecía un día
normal, una tarde regular con un clima caluroso y con los mismos pendientes que
una y otra vez eran tachados de una lista, pero no era así y es que en los
momentos como estos, pequeñas decisiones forjan el camino que se toma, muchas
veces pasando sin reconocerlo, obviándose por su tamaño o subestimándose su
importancia, son los momentos definitivos para dar rumbo, enmascarados en
rutina y es que para Jacob sería decisiva esa tarde, ese momento, aunque no lo
supiera aún.
- Jacob, de acuerdo a cómo ha ido el negocio estos
últimos meses, creo que tendré que posponerte el bono prometido por el número
de viajes que has hecho – Expresó
limpiándose las manos en sus pantalones, un poco temeroso de la respuesta que
obtendría - Sé que tienes más ofertas, pero las entregas comienzan pronto y yo… - Jacob lo
interrumpió, hoy no era un buen día.
- Entonces esta será mi última entrega – Comenzó a recoger lo que necesitaba para el día siguiente, Jacob sabía que
con esta conversación terminaba su relación con Dan.
- Jacob – La voz susurrada y temblorosa de Susan casi quiebra su
voluntad- ¿En serio te vas? – Al no obtener respuesta avanzó un par de
pasos - No te vayas - Esas
palabras resquebrajaron sus intenciones y por un segundo sintió que pertenecía
a un lugar.
El silencio hizo que Susan malinterpretara la situación, por lo cual
reaccionó tirando todas las carpetas de las entregas al suelo con un gran
estruendo.
- Al final harás lo que quieres Jacob ¡Siempre es
así! - Salió corriendo de la tienda y
aunque podía desentenderse de todo, fue detrás de ella sin dudarlo, pero cuando
salió a la calle una espesa corriente de polvo le estocó en la cara, haciendo
que perdiera el rastro de la pequeña.
Lugano era una ciudad peligrosa, los habitantes regulares se conocían entre
sí y se mantenía cierto respeto por pertenecer aquí, pero eso no significaba
que una niña marcada como parte de los defectuosos estuviera a salvo, no ante
cualquier amenaza.
Hace más de una hora que Jacob y Dan buscaban a Susan sin éxito, por
primera vez en mucho tiempo una emoción nueva se apoderaba de él, una que era
fácil de identificar. Culpa.
- ¡Susan! ¡Susan! - Gritaba casi sin voz debido al polvo espeso que cubría todo - ¿Dónde podría esconderse? - Pensaba una y
otra vez al momento que se detuvo en la entrada del taller de chatarra de la
ciudad, le pertenecía a Will, no era un sujeto muy agradable, tampoco
frecuentaba muy seguido el centro de Lugano, su propiedad era su santuario, muchas
veces Jacob venía a ver que partes podía conseguir para su moto y como muchos
otros salían decepcionados al no encontrar las refracciones requeridas.
Entró sin dudarlo, veía montañas de chatarra y hojalata por todas partes,
siguió llamando a Susan sin respuesta, era un terreno enorme, lugares así almacenaban
los despojos de vehículos y máquinas que dejaban sus dueños, la venta de este
acero era otra manera de ganarse la vida.
- ¡Susan! ¡Susan! – Vociferaba sin cesar, sus pensamientos
tomaban caminos oscuros, no quería imaginar lo que pudiera pasarle, su mente
divagó a aquellos años perdidos luego de la guerra y se estremeció, cuando
estuvo a punto de volver a gritar escuchó una pequeña vocecita.
- Sabía que me encontrarías – Expresó la niña con cierto resentimiento, provenía de la parte superior de
una pila muy alta de escombros metálicos que se encontraba al lado de una grúa,
no entendía cómo llegó tan arriba.
- ¡Su baja de ahí! – A pesar de que se encontraba molesto se podía notar en el tono de su voz su
alivio al encontrarla, sin embargo, no era algo de lo cual la pequeña estaba
consciente, su propia rabia la tenía demasiado distraída.
-Will me deja subir –Susan desvió su mirada sin prestarle mucha atención al rostro sorprendido
de Jacob.
- No importa Su, baja por favor - Agradecía en estos momentos no ser padre.
- ¿Volverás Jacob? – Su tono de voz cambió, así como la posición de su cuerpo.
-Sí – Mintió, pero no le importó lo más
importante ahora era sacar a la niña de ese lugar donde corría terrible
peligro.
- ¿Lo prometes? – Sus ojos
brillaban con una esperanza que era imposible disimular.
-Solo baja de ahí – Su paciencia se
agotaba.
-No volverás – Desvió la mirada en rebeldía, Jacob sintió como el alivio y la ira
empezaban a mezclarse en un sentimiento indescriptible para él.
-Ya lo solucionamos Susan, tu abuelo está
preocupado – Una mentira por el bien de todos - Pensó Jacob.
- Está bien – Lo miró dudosa, y aunque sabía que no era el final sintió gran alegría al
notar que Jacob se preocupó por ella, y mientras la niña se disponía a regresar
por donde había subido no se percató donde colocaba los pies y resbaló cayendo
de donde se encontraba.
Luego todo pasó despacio a los ojos de Jacob, los escombros se desplomaron
en cascada al suelo sobre Susan, así que Jacob situándose debajo de la línea de
la niña y dando un salto imposible para un ser humano sujetó a la pequeña con
su brazo izquierdo al mismo tiempo que apartaba con su brazo derecho los
escombros lejos de ambos, luego dando un giro en el aire desciende sin ningún
tipo de contratiempos.
El estruendo producido alertó a las personas circundantes, Jacob al apartar
a Susan del peligro la revisó comprobando que estaba bien, la colocó a su lado
y se dispuso a salir del taller para llevarla con Dan, pero al momento se
encontró con alguien que sostenía una linterna con una mirada de incredulidad.
- ¡Imposible! – Se repetía aquel extraño así mismo.
- Un forastero – Murmuró Jacob al darse cuenta de su presencia.
- ¿Se encuentran bien? – Preguntó el hombre tratando de mantener la calma, pero sin dejar de
reflejar en su rostro su perplejidad, en ese momento Jacob supo que fue
expuesto.
- Sí - Respondió, sabía lo que venía después, borrar memorias, amenazas, dinero, la
voz de Susan lo mantuvo tranquilo.
- Me quiero ir Jacob – Sonó frágil y asustada.
El forastero le
insistió - Oye, ¿cómo lo hiciste? – Jacob gruñó exasperado. Pensó en varias formas de callarlo, pero fue interrumpido
por Susan.
- Quiero irme - Tartamudeó aferrada a su cuello.
Debido al estruendo Will salió con su bastón mirando a
todas partes, se dirigió al extraño primero.
- Shinosuke ¿Qué fue
lo que paso? – Will posaba los ojos entre ambos mientras esperaba una explicación, Jacob
queriendo salir del embrollo comenzó a balbucear una excusa, siendo
interrumpido nuevamente.
- Todo está bien, él ayudo a la niña – Shinosuke habló con
total tranquilidad, Jacob suprimió su reacción, era extraño que este hombre
quisiera ocultar algo como esto.
- ¿Susan? – Will reconoció a la
nieta de Dan y suspiró en voz alta - Llamaré a Dan
- La espera fue interminable, aquel
extraño no dejaba de mirarlo con suspicacia, Will no paraba de hablar y Susan
aun conmovida por lo sucedido no dejaba de temblar; mientras que Jacob cavilaba
entre pensar que la niña necesitaba algún tipo de medicamento y descifrar
con qué intención este forastero no los perdía de vista, por suerte la pequeña
no quiso apartarse de su lado, lo que lo mantuvo calmado ante la charla trivial
de Will.
Jacob se dio cuenta que por esta niña que ahora dormía en sus brazos desafió
las consecuencias de su identidad y los efectos de aquella decisión estaban
sobre él lentamente agobiándolo, ya no era el ser con un rostro anónimo con el
cual podía pasar desapercibido.
Para su tranquilidad Jacob distinguió la figura de Dan entrando al taller cargando
a su nieta en brazos y Will al ver una escena tan melosa los echó de ahí mascullando
indirectas acerca de niños entrometidos en su propiedad.
- Jacob no sé cómo agradecerte - Dan miraba a Susan dormir en el asiento trasero de su camioneta.
- Nos vemos mañana, estaré temprano para comenzar –
Dan asintió respetando la voluntad
de Jacob de regresar caminando; necesitaba tiempo para procesar lo ocurrido,
para comenzar a formular una manera de evitar que las repercusiones de sus
acciones comenzaran a perseguirle.
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